PRESENTACION D.Francisco Blazquez (Concejal de Cultura Ayto.Ayamonte 2014)

 

Buenas noches:

 

     Al contrario de lo que con normalidad hacemos los políticos, cuando hablo de los amigos siempre lo escribo con anterioridad. La razón fundamental es que hablo desde el corazón y el corazón, cuando habla, suele ser muy conciso, muy de ir a la verdad, muy de desnudarse y nunca acude a la fría parafernalia de las palabras huecas y rimbombantes. Cuando el corazón habla, o mejor late, es  escueto, sincero y siempre hace cosquillas en el alma de quien le escucha.

 Y eso es lo que yo quisiera en esta breve alocución. Porque cuando uno se acerca a la pintura de Emilio. Cuando te sitúas  delante de algún cuadro de su, afortunadamente para nosotros extensa obra, los pinceles que pasearon por el lienzo, siguen hablándonos de manera escueta, sincera y antes de retirar la vista de la obra sientes unas cosquillas especiales por el alma.

 Dejo para los especialistas que jueguen a sentirse importantes intentando apresar en unos conceptos, la inmensidad de la obra pictórica de Emilio.  No entrare en la tarea vana de apresarle en adjetivos  como “expresionista”, “paisajista”, “figurativo”…. Me limitaré, ¿qué otra cosa puedo hacer?, a comunicarles a ustedes en qué consisten esas cosquillas que yo siento en el alma cada vez que un cuadro de este pintor ayamontino me atrapa desde cualquier pared y me obliga a dedicarle una pausada y reconfortante mirada.

 Y esas cosquillas huelen a Ayamonte, a marisma, a esteros, a paisajes donde unos caminos blanquecinos y, a ratos sombríos, nos conducen a esas huertas, que rezuman sosiego, salpicadas de cal, azules flameantes y ocres tejados. Cosquillas que hablan de viejos barcos flotando en aguas tranquilas, casi dormidas.  Playas inmensas o engarzadas en rincones íntimos. Es curioso pero a Emilio le gusta plasmar los barcos en pareja, enamorados y enamoradores, como queriendo dejar para la posteridad plasmado ese amor que el siente por su mar.

 Portugal íntimo y rural se asoma también múltiples cuadros que son retazos de ese diario viajero que nuestro pintor va rellenando, lienzo a lienzo, a la par que da rienda suelta a su pasión de andar y perderse por los caminos que terminan en el horizonte de su obra.

 Hoy estamos ante atardeceres donde los barcos ya estan salpicados de amaneceres cercanos. Rincones viejos, lugares que son el descanso de varados barcos también. Playas abiertas, inmensas, nuestras playas. Hoy Isla Cristina pone la belleza y Emilio sueña que pinta o pinta lo que sueña.

 Gorra, calzado deportivo, pinceles, un pequeño caballete y una paleta multicolor, es todo lo que nuestro artista  necesita para sentarse en cualquier recodo de cualquier camino, a la sombra de un generoso y viejo árbol y comenzar a crear esos infinitos campos, o recortados patios, o la  ermita evocadora de ratos místicos o simplemente de sosiego.

 Hoy nos trae a Isla Cristina. Su otro pueblo. Su otra fuente de inspiración. Rincones donde la tradición se posa negándose a cambiar secuestrando el tiempo. Trozos de mar, barcos que quieren adentrarse poderosos tierra a dentro, Isla Cristina disfrazada de ria, de estero, de sal y de luz es lo que el visitante de esta exposición va a e contrar cuando se acerque y contemple este puñado de obras. Enhorabuena, Emilio, porque no sólo pintas, sino que tu obra son ventanas por donde se nos filtra la belleza y tú nos empujas, magistralmente para zambullirnos en ella.

 

 

 © 2019 Emilio Borrego Romero aviso legal